Es
por la tarde. No sé bien la hora porque es verano y estoy en la playa de
festival, así que da igual el tiempo porque siempre es el momento. Yo estoy
bajo una carpa de Red Bull muerta de calor en bikini pero no pasa nada porque
me protege mi sombrero de 3,25 del negro de al lado del camping.
Empieza
a oírse un piano chulísimo y acompañando la batería. No sé quien toca porque estoy con mi
grupillo, pero la música suena a buena, así que como a nadie le apetece venir
me acerco al escenario. La primera vez en mi vida que estoy en primera fila en
un concierto de verdad. Empiezan a tocar y me doy cuenta de que es grupo de “mis
noches de spotify”.
Lo
vivo bastante y tengo un momento de iluminación de esos míos, en los que me
siento coherente de mi pasado, mi presente y mi incierto futuro, y todo está
bien, con una nostalgia que invade el presente sin la sensación de echar de
menos, porque ya las sensaciones de ese momento son parte de ti y sólo te queda
lo bueno. En ese momento aproximadamente el cantante tira a mis manos una
botella de agua.
Esa
es mi metáfora. Agua. Lo es porque fluye, porque se evapora, porque es un porcentaje
demasiado grande de mí y porque era el símbolo perfecto. No me la bebí a pesar
de tener un poco de sed y no me la beberé hasta que llegue el día 15.12.13, que
se supone que es cuando caduca. Así mi metáfora me traerá otra vez esa
sensación, que ya a día de hoy casi que se me ha pasado…
[…]
bastará con unas cuantas vidas
creo que es suficiente la medida
[…]
PS: si podéis escuchad
la canción del disco que se nota que es otro batería.
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