En
ese pequeño rato del día en que puede evadirse y pensar en sus cosas, está
pensando en la certeza que tiene de que la está engañando.
Quiere
centrarse en todo lo bueno que siente, pero sabe que se la está jugando y que
van a hacerle daño. Nunca hablan de su relación ni de lo que espera el uno del
otro… quizá sea porque no esperan nada, o a lo mejor es que todavía hay
demasiadas cosas entre ellos que ir salvando poco a poco y esto no es nada más
que una preocupación sin sentido… pero no… no te engañes tú también… El caso es
que evita hablar de vosotros y ella es tan amiga suya y tan cariñosa y tan todo…
y lo que sea ella da igual porque sólo es una puta entrometida, lo malo de eso
es lo que es él, ese chico tan cariñoso, tan amigo… como es contigo pero mejor,
como más relajado, más envidiable…
Con
ella son la foto que viene de regalo con el marco: perfectos y sonrientes, la
pareja admirable que se vende barata porque les sobra todo, con esa felicidad
obscena que ofende por pura y que a la vez es tan absolutamente desechable, tan
fácil de desterrar, tan estática... sin embargo parece una fuerza inmortal, puedes mirar
para otro lado y seguir con tu vida, pero todo eso va a estar ahí. Insultante.
Ya
he dicho lo malo, pero ahora viene lo peor. Lo peor es cómo se siente siendo
parte de esa situación. Lo peor es que se siente absolutamente falta de valor,
que no es suficiente para él, para que él quiera seguir a su lado, que nada de
lo que siente por él puede cambiar nada porque ella sólo importa después, que
no le influye, que él no quiere que le influya, que le echa de menos, que
siente que está de más, que es la mofa de la semana, que está haciendo el
ridículo, que es insignificante, no tiene fuerza y cada día es menos nosotros y
menos ella misma. Lo peor es el vacío y la duda.
Lo peor es esa pregunta
reiterativa:
¿Soy yo la otra?
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