viernes, 25 de enero de 2013

Pues me puse yo a escribir a la una de la mañana, empecé a pensar en política... y vamos que la he liao parda

Ya habréis notado que estoy últimamente un poco alteradilla y divergente. Con exámenes y todo, no sé cómo no he colapsado aún (preveo catarro postexámenes y al tiempo ojo). El caso es que estoy volviendo a mis cosillas. La última que me ha dado es la de por qué conozco tanta persona joven capaz de vivir ajeno absolutamente a la política.

Este tema me preocupa desde pfff a lo mejor cuando tenía catorce o quince años. Me explico, yo creo que no hace falta ser de ninguna postura en particular siempre y cuando des opiniones respetables y razonadas, y por razonadas entiendo que se deben dar razones de peso. Aludir al porque siempre ha sido así, al no lo sabemos así que todo lo que se piense vale y pensamientos de este estilo, que sí, denotan haber dado alguna vuelta al tema pero ya, es quedarse a medias y por eso no vale. Hay que escuchar todas las opiniones porque detrás de cada una de ellas hay unos valores de cada uno, y las opiniones pueden ser respetables o no, pero hablando se pueden corregir los errores generalmente inconscientes y debidos al ambiente en el que nos hemos criado, que podamos tener. Eso es tolerancia, ser capaces de aceptar los errores de los demás, pero primero los nuestros.

Si somos tolerantes nos costará muchísimo más odiar a alguien, porque vamos a poder ponernos en su piel, vamos a poder ser empáticos con la otra persona y reconocer que a lo mejor nosotros hubiéramos podido hacer lo mismo o no, pero que detrás de todo eso hay un intento de hacer las cosas lo mejor posible*. Todos nos equivocamos y un error no es más que eso, un fallo que se puede corregir.

En cuestión de ideologías políticas yo (y supongo que vosotros también) me he encontrado con gente que tiene ideas y gente que no, y no estoy hablando de partidos sino de gente a la que le interesa precisamente lo que decía antes sobre valorar ideas, gente que directamente no lo hace porque considera que no va con ellos y gente  tiene ideas y las valora pero que por alguna razón no considera que deban ser políticas.

El ser de un grupo o de otro es obvio que dependerá de muchos factores, pero creo que ser de los primeros significa que quieres que tus valores (sean cuales sean) se apliquen a las normas con las que debe  regirse el mundo, que a los segundos les da igual, se conforman sea la norma que sea porque sencillamente sus vidas no cambian mucho de unas normas a otras (prioridades diferentes de cada uno) y los últimos son los que me parecen más interesantes, y me lo parecen porque son las personas que se sienten muchas cosas: responsables, leales, sacrificados, etc. y que de hecho la mayor parte de las veces lo son porque creen honestamente en ello, en que hay que responder de lo que se hace o estar de lado de la gente que quieres, y esas cosas están genial y les hace geniales personas. El problema está en que no se preguntan por qué ser responsables de algo, por qué ser leales a alguien o por qué tienen que sacrificar nada si son gente de bien que no hace más que intentar tener su vida en paz.

Por eso son capaces de vivir ajenos a la política, porque son capaces de tener un pensamiento crítico sobre muchas cosas pero les cuesta ser críticos con sus circunstancias y con cómo esas circunstancias les determinan quieran ellos o no. Bueno por eso y porque en España se diga o no, “meterse en política” está mal visto (aunque ni siquiera te estés metiendo en nada), pero eso es tema aparte.

Es imposible ser ajeno a las ideas políticas porque la política determina nuestras vidas hasta los hechos más efímeros como la hora a la que nos levantamos (fijando horario laboral), que haya Fanta Cherry en tu país, que puedas estar a las cuatro de la madrugada en un bar… son cosas pequeñas que todas juntas hacen tu vida y sobre las que tú no has tenido ningún tipo de influencia. La gente sin ideas políticas da esto por sentado y le parece genial, pero es que ¡¡¡yo quiero Fanta Cherry señores!!! Y no veo la razón por la que existiendo eso en el mundo yo no pueda tenerlo en mi casa. Sé que es un ejemplo un poco absurdo pero espero que sirva para que me entendáis, si mi gobierno fija una norma que a mí no me gusta yo tengo el derecho de poder votar para que esas cosas no sean así, para que sean de una postura más afín a mis valores y no tenemos porqué acatar las normas sólo porque sean normas y alguien las haya puesto ahí. Las normas se acatan porque las consensuamos entre todos y eso nos permite estar a todos suficientemente satisfechos. Cuando somos muchos a los que una norma no nos hace justicia esa norma deja de tener sentido y vigencia. Y no, después de esto no viene el caos, sino escuchar lo que la gente necesita (que por cierto muchas veces es totalmente diferente de lo que dice que quiere) y hacer una norma que de verdad nos represente a todos o por lo menos, a la mayoría.

Abiertamente lo digo: yo a esta gente no la entiendo y no la entiendo porque es absolutamente incoherente y porque cuando se hace algo que no es acorde a sus valores les parece mal, pero les parece todo bien (porque hay que respetar todas las opiniones inclusive las no respetables). Y creo que esto es todo porque sólo por observar ya he puesto todo lo que creo importante y no tengo a nadie de estas personas a mano para que me aclare este embrollo. Así que os dejo la reflexión a medias para que ya si queréis, la terminéis en vuestra casa y me pongáis a qué creéis que se debe este absurdo fenómeno.

Bendiciones, buenas noches.

*también hay hijoputas por el mundo, pero hasta donde yo sé y espero no es la norma. 


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