jueves, 26 de septiembre de 2013

Realidad desligada

Hay dos personas en la calle entre un montón de gente. Se conocen, quizá no lo suficiente, pero se conocen.

Son personas comunes, ni muy altas ni muy bajas, pelo castaño, ni gordas, ni flacas. Lo distintivo de la primera es que tiene los ojos claros y lo de la segunda que tiene una boca perfecta.

Se encuentran la una frente a la otra y por un momento se han mirado a los ojos esperando conocerse realmente, pero ese momento ha pasado. La de la boca perfecta está sonriendo, le hace un par de preguntas a la otra persona sobre cómo está y cómo es su vida. Ésta asiente y no dice nada, sólo le devuelve la sonrisa y mira a alguien detrás de ella.

Todo se ha vuelto oscuro y un foco de luz azul alumbra desde arriba a las dos personas. Ya no sonríen. Ojos Claros le da la espalda a Boca Perfecta que empieza a dar vueltas a su alrededor buscando volver a encontrar su mirada. Da vueltas y más vueltas, y siente una especie de tensión que tira hacia arriba de su estómago, le sube la sangre al cuero cabelludo y tiene calor en la cabeza. Se está mareando y lo único que puede ver es la espalda de Ojos Claros.

El foco se va apagando y haciéndose más tenue hasta que ambos quedan sumidos en la absoluta negrura.

La gente vuelve a aparecer. Y la calle. Boca Perfecta está sola con la mirada perdida. Ojos Claros, solitaria, lanza sonrisas vacías.

Parece que todos los colores han muerto y sólo queda un desierto, no de arena sino de personas erosionadas por el tiempo. Solas. Dándose la espalda.

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