Hay
dos personas en la calle entre un montón de gente. Se conocen, quizá no lo
suficiente, pero se conocen.
Son
personas comunes, ni muy altas ni muy bajas, pelo castaño, ni gordas, ni flacas.
Lo distintivo de la primera es que tiene los ojos claros y lo de la segunda que
tiene una boca perfecta.
Se
encuentran la una frente a la otra y por un momento se han mirado a los ojos
esperando conocerse realmente, pero ese momento ha pasado. La de la boca
perfecta está sonriendo, le hace un par de preguntas a la otra persona sobre
cómo está y cómo es su vida. Ésta asiente y no dice nada, sólo le devuelve la
sonrisa y mira a alguien detrás de ella.
Todo
se ha vuelto oscuro y un foco de luz azul alumbra desde arriba a las dos
personas. Ya no sonríen. Ojos Claros le da la espalda a Boca Perfecta que
empieza a dar vueltas a su alrededor buscando volver a encontrar su mirada. Da vueltas
y más vueltas, y siente una especie de tensión que tira hacia arriba de su
estómago, le sube la sangre al cuero cabelludo y tiene calor en la cabeza. Se
está mareando y lo único que puede ver es la espalda de Ojos Claros.
El
foco se va apagando y haciéndose más tenue hasta que ambos quedan sumidos en la
absoluta negrura.
La
gente vuelve a aparecer. Y la calle. Boca Perfecta está sola con la mirada
perdida. Ojos Claros, solitaria, lanza sonrisas vacías.
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