Imagina
dos gruesos muros de cristal macizo y transparente. Paralelos, casi tocándose
de puro próximos, pero nunca juntos.
Imagina
entre ellos a una persona desnuda, con los brazos y las piernas extendidos. La
cabeza girada para poder entrar entre los dos aplastantes cristales. Cuando
inspira el vidrioso aire, llega un punto en que su pecho no puede hincharse más
porque no tiene espacio. Lleva así ya mucho tiempo. Ha intentado trepar
arrastrándose hacia arriba pero cuando lo hace su piel se pega a los cristales,
se hacía daño, se empezaba a estresar, sudaba y resbalaba hacia abajo, hasta
más abajo desde donde empezó.
A su
alrededor no hay más que muros de cristal infinitos. Sólo puede avanzar o
quedarse donde está. No hay una meta clara y haga lo que haga no tiene nada que
perder ni nada que ganar.
Hay
más muros y más prisioneros, y todos necesitan un agente externo del cambio. Un
cambio que no va a producirse y que nunca se ha dado.
¿Adónde
vas cuando no tienes más opción que el vacío, cuándo todo va a quedar enterrado
dentro de ti, en ningún lugar en medio de la inmensidad del espacio?
1 comentario:
¿adónde quieras?
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