jueves, 10 de octubre de 2013

In the middle of nowhere

Imagina dos gruesos muros de cristal macizo y transparente. Paralelos, casi tocándose de puro próximos, pero nunca juntos.

Imagina entre ellos a una persona desnuda, con los brazos y las piernas extendidos. La cabeza girada para poder entrar entre los dos aplastantes cristales. Cuando inspira el vidrioso aire, llega un punto en que su pecho no puede hincharse más porque no tiene espacio. Lleva así ya mucho tiempo. Ha intentado trepar arrastrándose hacia arriba pero cuando lo hace su piel se pega a los cristales, se hacía daño, se empezaba a estresar, sudaba y resbalaba hacia abajo, hasta más abajo desde donde empezó.

A su alrededor no hay más que muros de cristal infinitos. Sólo puede avanzar o quedarse donde está. No hay una meta clara y haga lo que haga no tiene nada que perder ni nada que ganar.

Hay más muros y más prisioneros, y todos necesitan un agente externo del cambio. Un cambio que no va a producirse y que nunca se ha dado.


¿Adónde vas cuando no tienes más opción que el vacío, cuándo todo va a quedar enterrado dentro de ti, en ningún lugar en medio de la inmensidad del espacio?