sábado, 28 de diciembre de 2013

...perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...

No me cuesta entender a las personas ni ponerme en su lugar. Lo digo de verdad, suelo relacionarme bastante con las personas de mi círculo, mis conocidos son casi amigos y mis amigos son muy amigos, así que me resulta bastante fácil saber cómo está alguien, por qué se puede sentir así o qué cosas valora. Por lo menos así entiendo yo las relaciones estrechas, me parece que la confianza se va ganando muy poco a poco y que amigos de los de verdad son aquellos con los que la relación y todo lo que en ella se genera surge sin dificultad, es bastante espontáneo, estás bien siempre, unos ratos mejor que otros como es obvio, pero nunca estás realmente mal, ni siquiera a disgusto. Un amigo de verdad no te hace sentirte poco valorado, ni poco querido, ni poco digno de él/ella.

Si miro atrás pienso que he tardado bastante en hacer amigos de verdad. Siempre he pensado que es  en parte porque cuando era pequeña íbamos todos los fines de semana a mi pueblo y hasta que no fuimos un poco mayores y ya estábamos en edad de salir con un grupito por las tardes no dejamos de hacerlo. Con la gente del colegio sólo me relacionaba en el recreo y fuera de él el problema era que en mi pueblo había muy pocos niños, que precisamente eran todo niños. Hasta los 7 u 8 años jugaba y hacía el bruto con ellos pero a partir de ahí llega un momento en que cada uno se dedica a cosas distintas, no necesariamente por roles, simplemente porque evolutivamente empiezas a cambiar más o porque cada uno tenía su vida y esta también cambiaba con el tiempo. Yo por lo menos no podía hacerme amiga realmente de personas que sólo veía en un contexto y con las que no podía compartir mi vida entre semana o de fin de semana, porque cuando eres niño te entiendes todo, pero cuando creces la comprensión tiene que llegar a partes que la vida o el contexto no te brindan.

Puedo decir que he tenido muchos conocidos y colegas con los que me he llevado muy bien, pero que sólo eran eso, colegas. 

Más tarde ya sí que empecé a hacer amigas, a tener mi grupo. Me costó porque notaba que entre ellas establecían unos vínculos con una confianza que para mí no era tan natural tener. Todavía hoy veo grupos de chicas se cuentan con detalle lo que hacen con sus novios o que se depilan las unas a las otras y pienso, por dios, ¿qué es esto? una cosa es tener confianza y otra ya este rollo raro que os traéis... y me jode pero me siento mal, porque me doy cuenta de que yo puedo tener intimidad con mis amigos pero hay un límite en esa intimidad que sólo traspasa gente de mi familia o un chico del que me pille y con el que quiera compartir todo. Cuando tengo intimidad con alguien me entrego a esa persona, me da igual que sea un novio, un amigo o un familiar.

Escribo sobre el perdón porque hoy me ha dado por pensar en gente con la que yo sentía que tenía intimidad y que llegado un momento por la otra parte no fue así, gente a la que yo me entregué en mayor o menor medida y que consiguió que me sintiese poco valorada, poco digna y poco querida. En definitiva personas que me han hecho daño. Es curioso que con esas personas nunca llegue a saber cuál ha sido el problema, quizá porque mi problema con ellas es han tenido un problema conmigo del que no he conseguido saber ni el por qué, ni por dónde viene, y es curioso porque aunque consiga llegar a saber qué las impulsa a actuar así al final no puedo ponerme su lugar, soy incapaz de concebir cómo sienten y cómo se vinculan a los demás, porque para mí un vínculo te identifica en la medida en que tu te implicas, te comprometes, te autorevelas y te entregas recibiendo también esa entrega del otro, pero para esas personas, con toda la profundidad que parecen tener sus relaciones, resulta que a la hora de la verdad no es así, no lo viven así.

Creo que nunca he llegado a perdonar a alguien que me ha hecho daño de esa manera porque siempre han tenido la intención de hacerlo o han sido conscientes de lo que hacían. Creo que cuando desprecias a alguien y lo sacas completamente de tu vida porque no quieres volver a tener ningún tipo de trato con esa persona y dejas pasar el tiempo, cuando dejas de pensar en ella y por fin esta fuera para siempre, cuando la distancia se lleva lo peor de una relación, no has perdonado. Creo que las personas que me han hecho daño no se merece mi perdón y por eso sé que no las he perdonado. Y lo peor es que lo que realmente siento no es pensarlo, sino que son tantísimo una mierda de personas que el contacto con ellas me ha contagiado y me ha hecho ser peor persona a mí también, y que sólo por eso, por corromper a alguien, se merecen lo peor.

Pensaba escribir sobre lo bueno del perdón, pero es que éste se da a las personas que realmente lo sienten y cuando ésto ocurre no existe afrenta ni ofensa. El perdón de verdad sólo tiene lugar en los desencuentros con alguien que en el fondo sigues queriendo y que en el peor de los casos no te supo querer como tú necesitabas.

1 comentario:

Exhalación dijo...

Estoy totalmente de acuerdo en todo y me siento muy identificada con lo que has escrito de cabo a rabo y tus reflexiones me han hecho reflexionar y darme cuenta de muchas cosas, que si sabían que estaban pero tu las has expresado como son sin rodeos