Echarse la siesta, más por el bochorno que por estar cansada.
La primera tarde de piscina.
Bucear y dejar de ver, de oír, de oler.
Secarte al viento caliente de verano.
Comer helado.
Dedicarte a todo lo que no puedes desarrollar cuando estás muy ocupada.
Que el estrés no te impida dormir.
Que las ansiedades sean pasajeras y los problemas se esfumen en cuestión de días.
Esperar perder el contacto con la gente de todos los días sabiendo que volverás a estar igual que siempre en un par de meses.
Aburrirte en contadas ocasiones.
La tranquilidad de la intimidad y el
anonimato voluntario.
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