El
cielo oscurece pero sigue limpio. Los colores se vuelven más intensos. En los
sueños no importa lo que pase porque siempre vas a despertar.
Está
corriendo por una senda estrecha entre largas y afiladas hojas de palmera que
proyectan tenues sombras sobre el suelo. No hay nadie más aparte de quien le
persigue, en silencio, acechando entre los árboles. Sólo puede correr.
Por
un pequeño instante mientras duerme recuerda que está soñando. Nota que respira
muy rápido y que las piernas no le responden, que cuando corre en realidad no
corre, por mucho que tire en realidad no
se mueven y cada vez tiene menos tiempo. Sabe que no va a pasar nada porque a
pesar de todo no se cansa, pero aun así sigue sintiendo el miedo, la sangre que
le sube por el cuello a los oídos y las mejillas, el temblor de sus brazos, la
piel en su nuca hipersensible a la mínima corriente aire… al posible susurro
asesino del cazador…
Inmediatamente
deja de estar allí y se encuentra en un lugar seguro. No sabe dónde está… todos
sus sueños son así de paradójicos, tienen un orden delirante que no lleva a
ninguna parte: todo tiene una explicación pero ninguna es razonable, las cosas
son así porque sí.
Ya
no sé si esto es el sueño o la vigilia, pero quiero seguir aquí, en esta parte
de mí a parte del mundo y de todo, donde las emociones tienen rostro y yo me
desvanezco así, tan inmaterial... más allá de todo...
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