miércoles, 21 de noviembre de 2012

Piel fina


La edad ya le llevaba poniendo la zancadilla unos años. Ahora sabe que es mayor porque tiene “manos de biblia”. Ese nombre le puso a las manos de su abuela de niño, cuando la piel fina como papel la tenían otros.

Se levanta, se lava y se va a dar un paseo para acabar en el bar de siempre, con los de siempre. Entre tertulias que se alargan hasta la hora de comer, sin argumentos y casi tan vacías como su vaso o como él... o como ellos también, que teniendo un hogar no tienen dónde ir porque en ningún lugar hay hueco para su ego fracasado, de esa derrota más percibida que real. Tanta dureza y tanta rigidez para nada, para esa anhedonia frívola del tiempo que les regala la vocación de suicidas.

Ahora sólo le queda el penoso regresar a su piso solitario, de decisiones pasadas que han marcado su ya exiguo futuro.

¿Dónde quedaron la paz y las risas? ¿Dónde quedó su juventud? A lo mejor todo se fue con ella… A lo mejor ya estaba todo perdido cuando ya ni podía ni quería cambiar… A lo mejor el perdido era él.

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