La
edad ya le llevaba poniendo la zancadilla unos años. Ahora sabe que es mayor
porque tiene “manos de biblia”. Ese nombre le puso a las manos de su abuela de
niño, cuando la piel fina como papel la tenían otros.
Se
levanta, se lava y se va a dar un paseo para acabar en el bar de siempre, con
los de siempre. Entre tertulias que se alargan hasta la hora de comer, sin
argumentos y casi tan vacías como su vaso o como él... o como
ellos también, que teniendo un hogar no tienen dónde ir porque en ningún lugar
hay hueco para su ego fracasado, de esa derrota más percibida que real. Tanta dureza
y tanta rigidez para nada, para esa anhedonia frívola del tiempo que les regala la vocación de suicidas.
Ahora
sólo le queda el penoso regresar a su piso solitario, de decisiones pasadas que
han marcado su ya exiguo futuro.
¿Dónde
quedaron la paz y las risas? ¿Dónde quedó su juventud? A lo mejor todo se
fue con ella… A lo mejor ya estaba todo perdido cuando ya ni podía ni quería
cambiar… A lo mejor el perdido era él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario