Ya he vuelto de Italia, en realidad volví el domingo pero me quedé en Madrid más tiempo del esperado. Italia me ha encantado, sólo he visto tres ciudades, en realidad dos y un poco de Milán, pero me he llevado algunas impresiones.
La primera que lo de que los italianos son unos tira fichas es mentira, a mí por no decirme no me han dicho ni fea, así que no sé como sentirme al respecto... Eso sí lo de que son guapetes es verdad, que tienen todos ojos bonitos (de hecho vi a un señor con los ojos grises de verdad, no verde-claro ni azul-claro, grises).
La segunda impresión que me he llevado es como de cierto orden, al llegar allí me he dado cuenta de que pensaba que Italia era tan esperpéntica como España y la verdad es que es todo muy parecido y a la vez diferente. A lo mejor más al sur de Italia la cultura se parece más, no sé, yo creo que es un país como el nuestro que hay muchas regiones y todas con diferencias entre sí. A diferencia de nosotros ellos sí que quieren estar unidos y en todas las ciudades hay homenajes a la unificación, calles grandes dedicadas a Garibaldi, estatuas enormes, placas que ocupan la pared de un edificio céntrico con los nombres de soldados que lucharon, en fin de todo. No se hasta qué punto ha sido una sensación mía por haber estado allí poco tiempo o si es algo de verdad cultural, pero me pareció que tenían algunos de esos valores muy arraigados.
La tercera es que Italia es calidad, aún con rebajas la ropa era más cara y de tiendas que vendían su propio material. Yo estoy acostumbrada a poder comprar ropa sólo en las típicas multinacionales en plan H&M porque no hay más tiendas y ver que en una calle encontrabas ropa buena y de todos los cortes habidos y por haber me hizo mucha ilusión. Obviamente no me compre nada porque como es calidad es caro, pero rebajado era asequible.
La cuarta impresión que me llevé es que me habría gustado vivir allí y que me habría acostumbrado muy fácilmente, pero que sin un trabajo que me de ingresos no me lo habría podido permitir.
Las malas impresiones que me llevé fueron en las iglesias con lo de taparse los hombros y no poder entrar con pantalón corto ni aunque fuera hagan 35ºC a la sombra, que vale que la iglesia tenga sus normas pero me jode igual porque el dinero con que se hicieron esas cosas y se mantienen no sale exclusivamente de los católicos así que me parece muy dictatorial y muy hipócrita. También en Milán cuando vi edificios preciosos con fachadas antiguas firmados con grafitis por toda la superficie a la que llegan los que los hacen. Y ya. La verdad que no me ha dado tiempo a encontrar pegas y todo el mundo me indicaba muy amablemente cuando no sabía por donde tirar sin necesidad de que les preguntara.
Así a reflexión para mi vida de aquí, me quedo con que allí podían fumar en las terrazas de los bares y beber en la calle y que me dió por pensar que nosotros ya no podemos disfrutar de pequeñas cosas como tomarte unas cervezas en un parque con tus amigos sin que sea ilegal. Me pareció triste.
En resumen, Italia ha dado la talla, ha sido lo que me esperaba y un montón de cosas buenas que no me esperaba. Me ha dejado bastante tocada la verdad, ahora ha llegado el momento de pensar en cosas y de no poder retrasar el resolver otras cosas. Odio hacerme mayor y que hasta los grandes buenos momentos estén dentro de una especie de todo relativo, pero hace un año ni me habría imaginado que iba a hacer el viaje que he hecho ni que lo iba a pasar tan bien, así que con todo lo relativo de las cosas estoy contenta.
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