Por lo visto estoy obsoleta. No tengo Whatsapp y como no
tengo dinero para gastármelo en un Smartphone no creo que lo tenga en mucho
tiempo.
Es
algo que la verdad ni me va ni me viene, no lo necesito y no soy de las que
aunque puedan usarlo no lo hacen, pero me he dado cuenta de que se ha cargado
en gran parte mi integración grupal. Lo digo porque casi todos mis amigos lo tienen y ahora cuando se habla algo se hace “por el grupo”, ahora tiene que
venir algún amig@ a contarme un resumen de qué pasa y eso cuando por lo menos
tienen el detalle de no marginarte.
El
problema no es el móvil sino la gente que lo tiene, el que te sigue contando
qué es de su vida lo va a hacer por whatsapp, llamando o por donde sea y el que no lo
hace seguramente no lo hará de ninguna manera. La historia de siempre gente
próxima y gente que no lo es.
Estas
cosas mediatizan las relaciones pero en algunos casos también las hacen
posibles. A mí me parece un instrumento más, un instrumento clasista que
obviamente no todo el mundo puede permitirse, pero que como todo depende del
uso que le des.
En
resumen, que odio ser pobre y odio tener que “cumplir ciertos requisitos” para
poder llevarme con alguna gente, pero luego pienso que con las personas
normales todo es mucho más sencillo, que en realidad no hay ningún problema y
que lo que cuenta es si te sientes o no acompañado. El resto son iniciativas
mejor o peor recompensadas.
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