domingo, 30 de marzo de 2014

Las preferentes o de cómo en el país de los ciegos el tuerto es el rey

Como todos sabréis ya a base de tanto escucharlo por ahí, las preferentes son acciones con las que se compra una participación caracterizada por no convertirte en parte de la junta de accionistas, por no tener que pagar cuotas, por ser perpetuas y ser muy arriesgadas (si se consiguen beneficios ofrecen una alta rentabilidad precisamente por esto). 

Ahora todos lo sabemos, pero en su momento las personas que las compraron no tenían ni idea.

Podemos hacer con esto un debate más sobre lo perverso del sistema capitalista, pero como casi todo eso mejor o peor argumentado se puede escuchar en cualquier tertulia me he decidido a reflexionar sobre otro aspecto de estos hechos y es que al margen de la intencionalidad que hubiera detrás de todo esto, existen miles de personas que estaban invirtiendo su dinero en algo que no entendían y que nadie les explicó. Y les pareció normal.

Yo misma creo que necesito aprender muchas cosas sobre economía, cosas además que son de lo más cotidianas y necesarias, pero que al no hacerlas no entiendo, y eso probablemente me convierta en una patana absoluta, porque ¿cómo es posible que en el plutocrático siglo XXI no sepa controlar mi dinero? ¿cómo es posible que miles de personas que sí que operan con su dinero a distintos niveles del sistema económico que de hecho tienen un capital que proteger no sepan controlar su dinero? 

Seamos realistas esto puede haber ocurrido en otros lugares, pero con estas dimensiones y este matiz sólo ha pasado en España. Y por matiz me refiero a que las preferentes son principalmente un problema que afecta a ancianos, pero ancianos muy ancianos que rondan los ochenta (una profesora mía llamaba a esto cuarta edad), analfabetos, discapacitados, incluso algún menor de edad. Es revelador que ni jóvenes ni mayores sepan en este país cómo manejar su dinero y dónde lo ponen. Aclaro que incluyo a los jóvenes porque la mayoría de estos afectados tenía hijos adultos que hasta que no fue demasiado tarde no se enteraron de la que su familia tenía encima.

Me parece que este problema tiene unas cuantas cuestiones de fondo, pero yo voy a comentar las dos que reflexionando sobre el tema me han parecido claves.

La primera de ellas y probablemente la más importante es la del desconocimiento. Estas personas firmaban un compromiso cuyo contenido no eran capaces de discernir y yo creo que es porque en nuestro país existe una tolerancia inaceptable a la ignorancia, no nos gusta ser los paletos de Europa, pero es lo que hay y ni hacemos nada al respecto ni esperamos que nuestros gobernantes, que son los que deberían estar haciéndolo por nosotros, lo hagan. 

Año tras año estamos en la cola del informe pisa, por debajo de todos los promedios y tenemos porcentajes bastante por encima de la media en abandono escolar. Somos ese país donde en los años 60 los señoritos se jactaban de enseñar a escribir su nombre a los pastores de sus tierras, donde mucha gente firmaba con el dedo, donde sólo había dinero para pagar la carrera de uno de tus hijos, con bastante esfuerzo y probablemente sin cuestionarse que sería el mayor o el más pequeño o el chico de la familia, donde siempre parece que va a educar más la "escuela de la vida", donde nos creemos lo de que somos un país de pícaros porque nos obligaron a leer el Lazarillo de Tormes en el instituto, donde cuela la operación palace y nadie nos explica el franquismo en el instituto de manera imparcial, donde no se aceptó el pacto educativo que buscaba dar un poco de estabilidad al sistema educativo y donde cada vez más las condiciones socioeconómicas influyen en hasta cuándo vas a poder estudiar.

Me podría extender más pero creo que sabéis lo que quiero decir, que ni nos educan todo lo bien que se podría, ni como sociedad hacemos presión para que sea así porque no estaremos bien formados, pero en casa nos han educado lo suficientemente bien para no ser políticos, para despreciar todo tipo de política, las malas maneras, las manifestaciones de valores, la rebeldía... Somos el país de los ciegos y no hay peor ciego que el que no quiere ver.

La segunda de las cuestiones de fondo para mí es la cultura, entendida ésta como"la información transmitida por aprendizaje social entre animales de la misma especie". Casi todos los que firmaron lo hicieron confiando en el empleado de banca que le hizo la operación. Los casos de las personas más mayores son los más evidentes, para ellos entra en las reglas del juego de la vida el confiar totalmente en quien te lleva las cuentas porque te está haciendo un servicio, pero para el señor Blesa por ejemplo, la misma operación puede significar algo totalmente impersonal, una técnica como cualquier otra para conseguir beneficios. Los significados no se comparten y además no existen mecanismos institucionales que detecten y actúen en consecuencia, probable y paradójicamente, porque a pesar de ser una sociedad envejecida y de que los mayores constituyen una parte con mucho peso de la misma, existen muchos prejuicios y estereotipos. Se trata de un grupo heterogéneo y complejo al que no se presta más que la atención estrictamente necesaria, y en muchos casos ni siquiera ésa (no voy a hablar de la ley de dependencia porque podría eternizarme).

En definitiva lo que quería resaltar con esta entrada es que gran parte del problema de las preferentes podría explicarse desde una perspectiva psicosocial y que quizá sea tan importante acusar a los culpables haciendo que la ley les obligue a reparar a los afectados, como atacar los problemas sociales básicos que han propiciado estas situaciones.

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