miércoles, 4 de julio de 2012

"Le mépris quotidien", a la venta sólo en las mejores boutiques de Paris


Se despertó en su cama con dosel. No trabajaba ni estudiaba, así que tenía la mañana libre y podía levantarse en cuanto quisiese. Estuvo remoloneando media hora más entre sus sábanas de seda y su nórdico de plumas de oca. Entonces se levantó, fue al baño a adecentarse y bajó a desayunar en bata por su escalera de mármol mientras observaba las palmeras y el contraste entre el verde esmeralda del mar y el oscuro gris perlado del cielo. Iba a haber tormenta ese día.

Se sentó a la mesa y la chica le sirvió el desayuno. La pobre era encantadora, pero llevaba el pelo siempre un poco sucio y olía un poco mal, no se notaba, pero era de esas cosas que una vez te has percatado no puedes dejar de prestarles atención. Por eso estaba en la cocina, esa y no otra era la razón de que no le dieran otro puesto en la casa, con la piel grasa que tenía y lo gorda que estaba no podría triunfar nunca en la vida, de hecho debería agradecerle estar a su servicio. Aunque la verdad que más que gorda, era robusta, no tenía un cuerpo orondo ni nada por el estilo, pero sus músculos se marcaban. Tenía muslos, hombros, el vientre bastante plano, pero no tenía las muñecas finas y sus rodillas tenían alguna antigua cicatriz. Era tan vulgar…

–        – Buenos días Dolores – que fea que es la pobre… pensó.

–        – Buenos días Señorita – ya está apestando a perfume, como si el olor a rosas de donde coño sean le fuese a quitar de la nariz ese gesto de prepotencia, si es que se levanta con la cara de gilipollas incorporada, de verdad que asco la tengo, que asco, que asco… –  ¿Ha dormido bien? – dijo la sirvienta con su blanca sonrisa.

–       – Bueno la verdad es que tengo los tengo los hombros un poco tensos, pero ya sabes que no me gusta quejarme… – En ese momento la última gota del té blanco con una cucharadilla y media de azúcar moreno de todas las mañanas terminaba de caer en la taza de la Señorita, desde la tetera que sostenía Dolores.

–       – ¿Está todo a su gusto? – A ver con qué tontería viene ahora...

–        – Sí, sí, buen trabajo querida, pero ¿Te importaría traer la mermelada? Hoy me apetece de grosellas del bajo Loira… – parece mentira que todo haya que decírselo, que vaga…

–        – Por supuesto señorita, enseguida… – Dolores se marchó hacia la cocina. La Señorita comenzó su desayuno.

–        – Oh dios mío, qué forma de andar, parece una mona… – pensó mientras paladeaba el maravilloso regusto que dejaba el té en su boca.

–        – Mucho dinero, mucho dinero, pero está más sola que la una, y normal, a ver quién aguanta semejante muerto...  – pensó mientras se adentraba en su cocina, que en realidad no era suya.

2 comentarios:

Irene Robles-Rebollo dijo...

Me gustan los contrastes, gran juego de vanidades. Tal vez algunas frases se alarguen demasiado. A veces es mejor un par de sentencias cortas que una enorme y completa. Si metes demasiada información en un sujeto y un predicado, corres el peligro de que se te pierda el significado por el camino. No te tomes este consejo como un no me gusta, al contrario, yo no me molesto en escribir un comentario tan largo si no me gusta de verdad algo.

Spica dijo...

Nadie, lo primero que quiero es darte gracias porque es el primer comentario que me publican y me ha hecho mucha ilusión. Lo segundo que me alegro mucho de que te haya gustado y que no me ofenden las críticas, de hecho cuando están bien hechas (como considero que es el caso) las considero necesarias. No te haces una idea de lo que me cuesta abreviar ^^