Tengo ganas de escribir algo denso, de ideología, valores propios y esas cosas que me sacan la sangre de Rodrigo, pero es que desde que volví de vacaciones estoy un poco abúlica. Esto no me gusta porque soy una persona más introvertida que extrovertida y me esfuerzo bastante por no estar demasiado vuelta hacia dentro porque no quiero perderme cosas ni hacer vida sedentaria, y menos ahora que tengo tiempo para hacer de todo.
No
sé, estas vacaciones he estado muy bien. He convivido con amigos/as y eso me
encanta porque aprendes a estar bien con los demás, por y a pesar de conocerlos
cada vez más. Esos momentos en las relaciones en los que sabes qué esperar de
las otras personas y no te resulta problemático en absoluto. Cuando estás con
amigos y vuestras manías casi os unen más de lo que os pueden distanciar porque
generan “momentos”, y lo pongo entre comillas porque son ratos que definen la
relación y nos hacen un poco más como personas, son nuestras anécdotas y nos
dan identidad sólo por vivirlos, sin necesidad de hacer nada más que estar ahí,
en el momento justo. Estos momentos fugaces entre otras cosas para mí son la
felicidad.
También
he vivido nuevas experiencias y situaciones que debería definir, pero todavía no
sé si quiero hacerlo y sé que desde luego no puedo hacerlo, por falta de
recursos mentales, de asertividad o de lo que sea, el caso es que todavía no
puedo.
La
felicidad desgasta y me deja apática, pero en plan bien. Tengo ganas de
arrancar pero no me sale y de momento no me angustia esta situación. Ahora me
tiraría tan ricamente cinco días sin quedar más que con mi hermana, y me
sentaría en las escaleras de la catedral con el cuaderno en blanco que me
regaló a escribir, dibujar o a lo que sea. Simplemente una tarde de ver vida a mi
alrededor y sentirme sólo por eso, un
poco más viva yo también. Sin ganas de luchar, y sin que sirva de precedente,
sin necesitar mis pequeñas reyertas contra un mundo de situaciones que ni
entiendo, ni comparto, ni vivo en primera persona, pero que de alguna manera
siempre están ahí y me suponen un obstáculo constante... es como vivir en universos
paralelos que sólo por existir entrasen en conflicto, pero siempre sin tocarse.
Ahora estoy un poco fuera de todos los mundos y no hay enajenación ni conflictos
que valgan. Solo estoy yo, con arena en la cabeza y piel morena que voy mudando
poco a poco y de forma inexorable.
Desde mi bucólica
abulia.
Spica
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