domingo, 4 de agosto de 2013

Avispas en las parras

Llegan los niños y las familias, se llena la plaza. La mitad de mes más agradable del año, la relajada, la viva. Todo el mundo se reúne para bailar, beber y comer, para disfrutar del tiempo que pasa sin que a nadie le pese. Todo el mundo está con quien realmente quiere estar, y si no, se lo busca, porque ahora toca estar contento y empezar la historia que contarás la próxima estación.

Puedes viajar más allá de tu país, puedes volver a tus orígenes... con distintas opciones tienes el mismo resultado: ser tu mejor versión de ti o por lo menos la más alegre. Eres quien compensa por todos tus defectos, eres temporalmente más dramático, más emocional, haces y te pasan cosas y sabes que eso está bien.

El verano reconforta y revitaliza, necesito el sol para poder necesitar ardientemente más cosas, necesito el agua para ahogar cualquier preocupación, necesito la tierra seca para sentirme menos dura y necesito el aire caliente que me abraza a media tarde para poder amar de corazón.

Hay avispas en las parras y algún ratón en la cocina. Se llenan las solanas por la noche de vecinos cotillas y los niños se quedan en la calle hasta tarde mientras sus padres toman algo en la terraza. Todos están bien.

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